sábado, 17 de diciembre de 2011

Equipaje

Aquel que quiere viajar feliz, debe viajar ligero
Antoine de Saint-Exupéry

Al margen de nuestro peso, llevamos en la espalda una mochila mucho más pesada, tan pesada que ni se puede medir en kilos. Es la mochila de lo que somos, fuimos y quisimos ser. Nuestros sueños, frustraciones, pasado, experiencias, lo que otros quisieron que fuéramos y también nuestras victorias, esperanzas; todo está ahí, sobre la espalda. Todos tienen una historia que contar; no tiene que extrañar entonces que algunos la lleven trotando y otros la arrastren (o mejor dicho, se arrastren con la carga encima).
Y ahí, aunque a veces se nos olvide un poco de lo que tenemos en el bolso de viaje, todo está acechando, listo para saltar en cualquier momento y venir a la memoria, listo para aplastarnos y sepultarnos en la voracidad del movimiento (o quizás para empujarnos fuera de tiempos obscuros y sacarnos del pozo, por qué no, todo está en la mochila). Sueños que no llegaron a puerto luego de mucho remar o simplemente malos recuerdos son suficientes para hacer que alguien se esconda entre botellas y blues por tiempo indeterminado. Lo curioso es que, si uno lo piensa, a menudo parece carecer de sentido estar abajo por cuestiones viejas, pero lo que está punzando -tanto o más- que esas memorias es la duda... la filosa duda de si todo estaría en un lugar mejor de haber resultado las cosas de otra manera, si un simple error casual hubiera sido omitido de la secuencia, ¿Sería todo igual? ¿Me hubiera ahorrado tantos pesares, dolería esto todavía? Pero es la puta duda de que el circuito nunca se cerró como estaba planeado fríamente, ¿hubiera resultado? Igualmente insoportable es cuando lo que no se sabe es qué ocurrió verdaderamene, dónde estuvo el desliz. Se pueden pasar años discutiéndolo con almohadas y pianos, son sólo conjeturas, no va a mejorar.
Y ahí está el equipaje, más fiel que la sombra, noche y día encima nuestro. Si se ha de aceptar a alguien es obligación agarrarle las maletas para hacerlo pasar, sino no ha de durar mucho tiempo más allá de nuestro pesar...
Más de una vez dan ganas de irse a cualquier lado y dejar todo ese peso muerto en cualquier esquina, pero no hay vuelta que darle, las valijas están siempre hechas viajando con uno. Por ahí sirven para parárseles encima y llegar más alto, quien te dice.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Lavada de Cara

Back to the USSR-The Beatles

Si, después de varios meses volví con ganas de patear el tablero. Voy a cambiarle un par de cosas a este blog a ver si me vuelve a enamorar. No creo que sea horrible, pero no me gustaba para donde estaba yendo, puede ser mucho mejor. Entonces cierro así una etapa de casi un año para intentar abrir otra con varias diferencias y algunas similitudes -de última sigue escribiendo Angyouma-.
Creo que lo estuve manteniendo con muy poca frescura, manteniendo los posts encerrados dentro de un marco y un esquema que me aburrió, así también como lo estuve pensando; como si tuviera alguna suerte "obligación" de que escribir regularmente. Bueno, veré que sale de ahora en adelante, a ver si revive. Más vale intentar hacer algo y tener un resultado bastante incierto que no hacer nada y saber el resultado de antemano.
Jungla, levántate y anda


jueves, 28 de julio de 2011

Picado

Hey you, don't tell me there's no hope at all
Together we stand, divided we fall

Hey You-Pink Floyd


El fútbol es pasión, incluso (quizás "especialmente" sería mejor palabra) en partidos entre amigos, cuando no se juega por nada tangible. ¿Qué es lo que motiva a dejar todo en el cuadrilátero por un partido entre troncos en el que ni se juega por la coca? Algunos dicen que se trata de una cuestión de honor, ser superior al adversario partiendo desde una paridad en las condiciones del partido. Irse de la cancha sin ningún reproche para hacerse, habiendo dado lo mejor de uno. Otros señalan que se trata de una cuestión de orgullo; se quiere ganar para no perder, básicamente, para golpearse el pecho indicando quien es el que ganó. Otro menos individualista dirá que se juega por el equipo.

Sin duda estos factores influyen y son la base de la competencia deportiva. Es la pasión por el fútbol mismo el motivo por el que se hace el esfuerzo, uno de los motores de esas motivaciones; a nadie que le guste el fútbol puede ser totalmente indiferente a ganar o perder un partido. Se tiene que conseguir un resultado positivo porque esa es la esencia del juego, sin eso no hay fútbol; no hay deporte. Cuando termine el partido todos pueden ir a comer un asado y mirarse a los ojos sin rencores, pero en la cancha el objetivo es claro, y todos deben empujar para alcanzarlo, motivaciones no les deberían faltar. También parte de la diversión del juego reside en que el partido sea atractivo, bien jugado.

Si alguien decide iniciar Taekwondo y se deja pegar, o pretende correr una carrera y le es indiferente la posición en la que se ubica al finalizar, evidentemente no hay pelea o carrera, si no se da lo mejor de cada uno difícilmente pueda tener sentido empezar ese partido o esa carrera... se puede jugar a boludear, ¿Por qué no?, pero al que le guste el deporte con la competencia que este conlleva considerará -yo creo que con justicia- “obsceno” que a eso se lo llame fútbol; puede tener reglas similares, pero no lo es en tanto no se juegue con amor al juego, ahí nace el sentido de esos picados, jugados con total lealtad al juego y al adversario, pero en forma encarnizada; sin violencia, pero con total vehemencia (lo que no excluye que se tiren ciertos lujos, que también hacen no sólo a la estética, sino a los recursos del deporte en sí).

Ahora; cualquiera que viva la actividad deportiva como describí arriba podrá entender lo que refiero, y deberá saber que hay personas que no comparten esa visión. Más de una vez escuchó frases como “No es la final del mundo”, “Es sólo un partido”. De eso se trata, es un partido, y la gracia del mismo reside en que el equipo logre cierto funcionamiento y que pueda superar la adversidad, si no se puede llegar a un acuerdo en este punto el trabajo en equipo habrá fracasado de antemano. No se necesitan muchos de estos “antideporte” para que el partido se hunda en lo más profundo del océano de la mediocridad, con marcas ligeras y avances puramente individuales.


Ese es el problema: con el “boicot” de pocos. el empuje del resto y su voluntad de trabajo en equipo se diluyen con facilidad; se rompe la cadena de engranajes y se empieza a hacer agua. La indiferencia de algunos acaba por diezmar el trabajo de muchos, algo que no se debe permitir. Cuando existe un equipo ningún eslabón de la cadena es prescindible, por eso -victoria o derrota- el resultado es del equipo. El esfuerzo en conjunto por una causa, para el que lo sabe apreciar, es algo sencillamente mágico, aún más cuando este da frutos; tiene que estimularse, no al revés. Cuando uno sólo hace el trabajo de varios, hablar de equipo es hipocresía.

No es que aquella mentalidad cómoda y cansina esté “mal” en sí (no debería poder decirlo basándome en pareceres); está mal en contexto, es egoista para con los que dependen de ella y están moviendo cada célula de su cuerpo por la victoria, más allá del lugar en el que les toque apoyar, por eso no se puede aceptar que el movimiento de todos sea carneado por unos pocos.

Entonces, cuando estés jugando un picado y uno empiece a ir para atrás (si es malo no tiene la culpa, si no entiende el concepto de grupo sí) dedicale un grito o dos, no importa mucho lo que te conteste; muchos disfrutarían poder aprovechar su lugar y poner su hombro para que las cosas salgan mejor; es obligación del que está adentro jugar por el trabajo de los que están adentro, el deseo de los que quedan afuera y, obviamente, por el partido, que es a fin de cuentas el objetivo de todos.



La imagen fue tomada del blog http://www.dosisdiarias.com/ de Alberto Montt

domingo, 17 de julio de 2011

En la Jungla

Everything is broken

Bob Dylan


Cuando creé el blog tenía la intención de usarlo para, por un lado, compartir lo que estoy pensando en cierto momento, y por otro para descargarme. A esto vine. También, al empezar el blog, dudé un rato acerca del nombre en que ponerle; finalmente me decidí por “La Jungla” por la canción “Welcome to the Jungle” de los Guns n' Roses porque de eso se trata la sociedad, de una jungla, de un todo vale en el que las personas se sacan los ojos con sus vecinos en la misma situación sin poner en duda las reglas del juego ni a quien benefician.

La moral no corre en ningún lado, todo es ventajismo y eso es lo que me rompe las bolas, porque sin los códigos éticos como la base de la sociedad no hay reglamentación que aguante. Que se reprima (entre otras cosas) a los que se van de los códigos evidencia que hay otro problema, EL problema, en realidad : que hay gente dispuesta a cagarse en lo convenido, y acá no estoy hablando de nada muy raro, me refiero a los códigos básicos, el respeto por el otro, por lo justo, por “lo correcto”. No quiero ahondar en filosofía, porque no me interesa y además no sé si me da el cuero, pero lo que si sé es que todo el mundo tiene una noción al menos aproximada de lo correcto, de lo que debería hacer, y que muy a menudo está muy pisoteada.

Mi intención -al elegir el título- era (y es) básicamente criticar el sistema en el que estamos sumidos que propicia esto y saca provecho -ojo, que desprecie el sistema establecido, que el “vale todo” al que la mayoría de las personas se ven forzadas no me parezca civilización, no significa que crea que haya una alternativa muy superadora a la vista inmediata-, y este sistema sienta sus bases, genera y se retroalimenta, como dije, en la mentalidad de la gente, que explícita o ímplicitamente lo apoya, por acción, por omisión o por ambas.

Evidentemente, todos formamos parte de esto en mayor o menor medida, no hay muchas más opciones que la jungla y desde que nos críamos acá heredamos al menos en parte esos defectos. Pero este círculo vicioso no es fácil de romper, porque está encajado bien profundo en la sociedad; se tolera todo el tiempo. Estamos acostumbrados al desastre y apenas si arquemos las cejas ante un nuevo ejemplo de barbarie (de un par, de un estado, de una organización). En la guerra contamos números, en la pobreza estadísticas, y las mentiras de los medios de comunicación no parecen algo relevante. Pero como ya dije, eso es actuar por omisión, pero desde nuestro lugar participamos activamente de esas distintas cosas y fomentamos ese ventajismo, viviendo para sobrevivir por arriba de los que se encuentran en la misma línea media, al costo que sea.

El principio de ese rechazo por lo que se debería hacer de acuerdo a la moral yo creo que tiene su principal pilar en la soberbia (parcialmente natural en la persona, y parcialmente incitada). La persona soberbia, como es obvio, se cree más que el resto. A partir de ahí “merece” más y se puede dar el lujo de hacer lo que se le canta prácticamente, pasando por arriba de quienes y cuántos sean, porque lo importante son ellos al fin y al cabo. Es también el origen de la intolerancia, otro “tesoro” de la caja de Pandora. Consecuencia obligada de todo esto es la segregación; “Dividir y vencer” reza la vieja frase, y el concepto se mantiene intacto; los que les conviene toda esta basura son pocos, pero no faltan, siempre hay alguien arriba de la pirámide sacando provecho de los que se pelean a muerte abajo por las migas de lo que quedó.

Si me pongo a enumerar todos los males que salen de acá pierdo el tiempo, lector, abra las noticias que quiera del lugar del mundo que más le guste. Va a encontrar gente cagando gente, gente despreciando lo que le es extraño, personas construyendo muros, algunos pocos gorditos en base a muchos muy flaquitos, etc.

Y acá llega lo que me motiva a escribir con más bronca que otra cosa; ¿Para qué?¿Cual es el objetivo de tanto egoísmo y avaricia?¿Cuándo es suficiente?¿Por qué abajo somos tan pelotudos de seguir ese juego vacío en vez de tirar para el mismo lado?¿Cómo se deja de jugar ese juego?

Probablemente mi momento de vehemencia me va a hacer sacar conclusiones apresuradas, quizás lo que ya escribí sea algo apresurado (igual no tengo dudas de que la esencia va de la mano con cualquier estado que pueda tener), pero el vale todo me hartó, no se puede vivir pisando gente para zafar uno. No pueden vivir pisándolo a uno para zafar otros, y mucho menos que haya terceros que les convenga la “carrera de ratas”. Va siendo hora de que reevaluemos nuestras prioridades y valoricemos lo que tan orgullosos llamamos “valores” pero que no tenemos.

Probablemente la mayoría de los que lean esto van a pensar que son boludeces ingenuas de un pendejo; yo creo que es posible, pero más posible veo que esas mismas personas hayan dejado de lado cualquier esperanza de que las cosas sean como tienen que ser por lógica, justas. Al fin y al cabo se resignaron a ser cómplices de esta misma mierda.

sábado, 11 de junio de 2011

Feeling Blue

Long as I remember, the rain been comin' down

clouds of mystery pourin' confusion on the ground

good men through the ages tryin' to find the sun

And I wonder, still wonder, who'll stop the rain

Who'll Stop the Rain-Creedence Clearwater Revival



La lógica indica que el viernes es el día ideal de la semana, el momento en que se acaba la parte tediosa de los siete días y comienza el disfrute en lo que uno prefiera dedicar su tiempo. El viernes es cuando las personas salen a divertirse con la gente que quieren y olvidan los males que los agobian para poder recargar las baterías.

Pero esta ecuación aparentemente lógica no cuadra con todo el mundo. A pesar de todo los viernes a la noche son los momentos donde algunos no tienen responsabilidades que les permitan eludir el pensar en lo que tratan de solucionar todo el tiempo, incluyendo los feriados, pero donde fallan una vez tras otra; la soledad. Quien padezca de esto, el viernes puede buscar la ilusión de que no lo hace, puede querer negarlo o pretender encontrar gente nueva pero, sin remedio, al final del día, haya ligado o no, sabe que no está acompañado y le llega la hora depresiva del “¿Qué es lo que debería hacer?”

No es demasiado fructífera esa hora, si supiera que hacer no se estaría en esta posición risible de tan patética. De cualquier manera como se reacciona en ese momento es muy personal, tanto como la forma en que se quiere palearlo(música, amigos, etc.), que ayudan pero al fin y al cabo no van a lo de fondo.

¿Es uno un fracasado? Puede ser, pero es mejor creer que se postergó ese aspecto en pos de otros -mejor no pensar bien en cuales porque lo que empezó como una típica depresión de viernes por la noche puede terminar en un replanteo existencial, que por otra parte nunca está de más hacer, pero que puede traer consecuencias trabajosas y/o duras en torno a la forma en que uno se percibe a si mismo-. No, en modo alguno, lo fácil es hacerlo cómodo, el problema es en parte de uno pero, por otro lado, esto se atenúa con la carencia de otra cosa (carencias que o no son tales o también dependen de uno): suerte, conocidos, tiempo, lo que sea viene bien para justificar los errores propios y ponerlos en un lugar -aunque sea un poco- más lejano.

Encima lo peor no es la situación, sino saber que se está muy lejos de resolverla, suerte que la esperanza es lo último que se pierde. Al fin y al cabo, los viernes a la noche tristes, terminan siempre en promesas que después no se cumplen o bien porque no tienen sentido, o bien porque es preferible pensar que no tienen sentido, pero lo normal es que se piense mucho y no se actúe en consecuencia. ¿Por qué esa falta de actitud?

No se, pero necesito aire. Estoy fundido, quiero un descanso en este frente.

miércoles, 4 de mayo de 2011

La Rueda de la Fortuna


De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.

De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa,
chupando un palo sentados
sobre una calabaza.

De vez en cuando la vida- Joan Manuel Serrat


Y la rueda de la fortuna salió para arriba: repentinamente todo resulta -sospechosamente- a favor; las relaciones son fructíferas, los deberes exitosos, todo es hermoso y la vida nos sonríe con aire de cómplice. Recordamos lo que es estar allí luego de un período -más extenso de lo que nos hubiera gustado- de vacas flaquitas (o como mucho tirando a medianas) y sentimos que las cosas nos están empezando a funcionar como deberían. A uno le sale todo, se siente en el cielo.

Pero la fortuna es inestable. A veces no dura mucho el tiempo en que la “ruleta” sale para arriba, y por eso hay que exprimirlo al máximo, aunque lo que se exprima nunca va a ser suficiente; porque de un momento a otro, sea por imprudencia o mala suerte (y siempre más allá de las intenciones) el mundo entero se da vuelta: la rueda sale para abajo y la vida empieza a reirse de nosotros; y, como es obvio, es fácil hacer que las cosas vayan para abajo, pero las subidas son siempre trabajosas y se acaba luchando contra la corriente.

Lo mismo que antes era causa de nuestro regocijo -incluso sin cambiar de estado- es lo que ahora nos pesa; lo que no importaba ahora parece terrible, y lo que antes estaba “bien” y ahora está “muy mal” nos empieza a matar, un verdadero infierno, no caben otras palabras. Peor aún cuando se duda si lo que hizo que girara la rueda fue la imprudencia o la mala suerte, porque en estos casos una parte de uno maldice incesantemente la falta de meditación que ahora lo tiene en medio de un calvario que podría haber evitado (o no provocado), y la otra parte que duda de si se trata de mala suerte lo atosiga punzantemente en torno a si las cosas efectivamente estaban “bien” o si no se trataba sólo de una mentira, un malentendido, una careta o un espejismo.

Peor aún al ver desmoronarse como si fuera una casa de cartas lo que creía haber construido. En los cinco minutos en que se acaba el sueño y vuelve la vigilia se tiende a apresurarse, muy a menudo empeorando todo y torturándose uno por dentro por ese accionar precoz, producto de un reflejo quizás, pero que poco importa de donde vino, lo que importa es que las piezas empezaron a caer donde se hacen sentir... y molestan.

Y entonces lo negativo empieza a saltar a la vista más que antes y uno se funde entre pena, frustación y bronca, con la sensación de que de golpe el universo le da la espalda, y los caminos que lo podrían sacar de esa situación empiezan a ponerse demasiado angostos. Todavía no llegó ni a los dos días de mala racha y ya está pidiendo la hora.

Sin embargo, a pesar de que el cambio en la fortuna ocurra realmente o no, el sufrimiento que pueda padecerse no depende más que de la forma en que se percibe este cambio, que puede venir acompañado con sorpresas desoladoras, pero que tarde o temprano, lo que no cura ni el tiempo ni la razón, acaba por ser una variación menor, gotas de lluvia sobre mojado.

jueves, 24 de marzo de 2011

Nunca Más

And in the naked light I saw
Ten thousand people, maybe more
People talking without speaking
People hearing without listening
People writing songs that voices never share
And no one dared
Disturb the sound of silence

"Fools", said I, "You do not know
Silence like a cancer grows
Hear my words that I might teach you
Take my arms that I might reach you"
But my words, like silent raindrops fell
And echoed
In the wells of silence

The Sound of Silence-Simon & Garfunkel


Afortunadamente yo no vivía hace 35 años, cuando los 24 de Marzo se hicieron díficiles de olvidar, sin embargo voy a tener el atrevimiento de hacer referencia a esta fecha más por lo que escuche, leí y veo que por lo que tuve la dicha de no ver. Los tiempos cambiaron (cuanto menos parcialmente) en Argentina así como en el resto del mundo, sin embargo hay cosas que se siguen repitiendo y que se han de intentar evitar.

Se pueden producir toneladas de escritos en torno a las atrocidades de la última dictadura, yo espero enfocarme satisfactoriamente en el objetivo de muchas esas atrocidades: el Silencio. Para áquel que basa su poder en el miedo y en la violencia hay pocas cosas tan preciosas como el silencio, la ausencia de otros puntos de vista, de discusión; de ideas.

En primer lugar no quiero que se malinterprete el fragmento de arriba, ese habla más de la sociedad de hoy en día que de la de los '70 (cuanto menos, de los '70 que conozco a través de las fuentes de la época). No aclarar esto sería faltar el respeto a los muchísimos más de 30,000 que sufireron daños irreparables en el llamado “proceso de reorganización nacional”.

¿Y por qué es tan importante el silencio? Porque donde no circulan ideas ni distintos puntos de vista se dificulta la comunicación, la posibilidad de inspiración por ideas ajenas, los debates enriquecidos sobre los caminos a seguir, la construcción en conjunto, y así encuentran menos obstáculos los autoritarios para ejercer su voluntad.

Está claro que es más fácil seguir un camino cuando es el único camino que se presenta, entonces ya vimos (y vemos) lo que se hace para evitar que ganen importancia los otros caminos: acción directa, supresión de derechos y garantías, terror, desinformación, son sólo un par. Se busca que se odien los otros caminos; dividir y vencer. Silencio.

Y para que se odie al de enfrente se manipulan la educación y los medios (que en algún punto terminan teniendo un papel similar: buscar que se acepten como hechos elementos falsos y partidistas que responden a las conveniencias de los que quieren mantener una forma que los beneficia a ellos y a no muchos más). Más aún teniendo en cuenta que se suprimen las otras expresiones. Y de esta forma se desinforma de forma constante, machacando reiterativamente con lo que se quiera adoctrinar, mintiendo y ocultando la verdad descaradamente*. Intentando conducir a los sensatos a un abismo.

Entonces, con la omisión y la complicidad, es más fácil conducir a miles a una guerra sin sentido, centrar la atención en un partido de fútbol cuando a metros del estadio se tortura y mata en centros de tormento, simular que mientras se matan civiles se estabiliza un país y se alcanza la paz. Es más fácil aumentar los beneficios de la cúpula de poder a costa de la base.

Entre silencio, persecución y desinformación parece imposible que haya gente dispuesta a arriesgar todo para luchar contra el monstruo. Increíblemente, a pesar de todas las trabas, hubo personas que decidieron pararse para divulgar lo que ocurría, aún al costo de sus vidas, y así como hoy en día repudiamos a los cobardes, también se debe honrar el valor y la dignidad de aquellos que 35 años después siguen siendo un ejemplo.

Los intolerantes, los de entonces y los de hoy, difunden ignorancia e intolerancia para alcanzar sus metas, es importante entender que fusil en mano no se pacifica, se somete.

Afortunadamente no vivía entonces, pero vivo hoy, y creo poder decir que si bien desaparecieron muchos de los dinosaurios de acá, aún hay dinosaurios por muchos lados y los hay importantes. Por eso creo que nunca debe dejar de haber ruido en todas partes, porque “el silencio se expande como el cáncer” y en cualqueir lugar puede haber bestias con cuerpos grandes y cabezas pequeñas acechando para sacar provecho de la desdicha ajena.


*http://www.ticespor.com/2008/06/la-carta-del-holands-krol.html (En este link se ve la carta publicada en "El Gráfico" y escrita por el llamado "periodista" Romero, quien la hizo pasar por una carta de Krol, capitán de la selección Holandesa, para su hija)

jueves, 10 de marzo de 2011

Crono (Saturno)


So I'll continue to continue to pretend
My life will never end,
And flowers never bend
With the rainfall.

Flowers never bend with the Rainfall-Simon & Garfunkel

I see the way that I´ve been spendin' my days
And reality has caught me by surprise

I was dreamin' of tomorrow so I sacrificed today
And it sure was a grand waste of time
And despite all the truth that's been thrown in my face
I just can't get you out of my mind

Got to begin again-Billy Joel


Nadie se va a sorprender leyendo este post en torno al tiempo, de hecho debe ser el segundo tópico más referido en la historia de los escritos (justo después del amor) y no voy a alcanzar a abordarlo de una manera distinta a las que harto conocemos -alguno podrá pensar justamente que es un rejunte de clichés-; sin embargo no puedo evitarlo, no deja de marcarlo a uno. Todo el bendito año esperando las vacaciones para dedicar las horas acorde a nuestras preferencias, y estas fluyen por entre los dedos como la arena en un reloj: no importa cuanto duren, jamás se prolongan lo suficiente como para poder realizar la totalidad de los planes que uno traza.

Y así con todo: un día se ingresa a los años dorados del secundario, momentos después se está decidiendo de que va a trabajar el resto de la vida y dejando atrás todos esos años juntos. No puedo menos que lamentarlo y culparme a mi mismo en gran parte por el tiempo no invertido de forma apropiada (invertirlo en serio, el tiempo es mucho más que dinero). Incontables instantes que podríamos haber tornado memorables los fundimos con la nada y ahora uno nota la facilidad con la que podría haber hecho la diferencia y... ahora, a la distancia. A la distancia todo es infinitamente más simple, y sin embargo, a pesar de dar una y otra vez contra las mismas rocas repetimos los mismos errores.

Pero es triste, porque aprendemos a valorar verdaderamente las cosas cuando estamos a punto de perderlas, y así como a la distancia es más fácil comprender, ver con claridad (a una distancia moderada, “desde lejos no se ve” -ya de muy lejos es difuso-) casi siempre es a manos del tiempo que las cosas inexorablemente se van para no volver. Eterno e indiferente; devora, apaga y cubre. Olvida.

Incluso pareciera que el tiempo está mal hecho: en los lapsos amargos todo se congela, cada segundo dura una eternidad, cuando debería durar más, los “años felices” pasan frente a nuestros ojos como un juego de luces macabro. Entonces no hay caso, indefectiblemente va a ser más fácil recordar lo malo que lo bueno.

Ya dije que el tiempo pasado se puede ver más claramente; lo que resulta esperable también es la incertidumbre que genera el tiempo futuro, es normal que uno tienda a ponerse algo nervioso al no saber que le depara el porvenir en un lugar de constantes cambios. Sin embargo no creo que convenga jamás ver el futuro como un enemigo, temeroso de lo que pueda venir (lo que no significa que no se pueda presentar duramente adverso contra uno, me parece importante marcar esta diferencia); por el contrario, a pesar de todas las sensaciones que pueda provocar en uno, lo más sano parecería verlo como una posibilidad... sin dejar de aprovechar el presente.

Es indispensable aprovechar el hoy; ¿cuántas veces decimos que a futuro empezaremos tal o cual cosa? ¿cuántas veces o las empezamos muy tarde o ni siquiera las empezamos? El momento de tomar lo que “el hoy” nos da es este mismo instante, ni mañana ni pasado, porque quizás para ese entonces o ya no se pueda o las condiciones sean otras.


Vana es también la “lucha contra el tiempo” de algunas personas. “Tiene 45 pero no se los da nadie”; “Tiene 65 pero parece de 64”. ¿Cuál es el punto de pretender ser más joven de lo que uno verdaderamente es, si al fin y al cabo los años siguen en la espalda como un saco de piedras? El tiempo 'es un hecho', los años no se pueden esconder como polvo abajo de la alfombra (y además de inútil esto carece de sentido). Los años no sólo se sienten, sino que también se notan, no importa cuantas cremas, botox o maquillaje se echen las personas encima o cuanto se resistan a afrontar sus nuevas responsabilidades. Si el tiempo pasa, hay que asumirlo e intentar sacar provecho de él, no simular que se tienen menos años de los que realmente se tienen porque a pesar de los intentos encarnizados, es una batalla que se pierde antes de empezar.

El paso del tiempo a la larga o a la corta observa cambios, desde la luz del día y el clima hasta los hombres y sus costumbres, y sin embargo, lo más paradójico de todo esto, es que después de cinco milenios se repiten esencialmente las mismas historias, no alcanzamos a aprender del tiempo; ni siquiera de lo básico.

domingo, 6 de marzo de 2011

Escapando del laberinto




I can only stand apart and sympathize,
For we are always what our situations hand us
It's either sadness or euphoria

Summer, Highland Falls-Billy Joel


Like the color of my skin,
Or the day that I grow old,
My life is made of patterns
That can scarcely be controlled

Patterns-Simon & Garfunkel


“Desde el momento de mi nacimiento hasta el instante de mi muerte, hay patrones que debo seguir del mismo modo que respiro. Como una rata en un laberinto el camino yace en frente mío, y los patrones nunca se alteran hasta que la rata muere” (Patterns-Simon & Garfunkel)

La vida de todo ser y su entorno estan marcadas notablemente por patrones, situaciones ajenas a él que, como dice la canción, escasamente pueden ser controlados.

No elegimos ni dónde ni cuando nacemos, no elegimos nuestras facciones ni nuestro físico. No elegimos quienes son nuestros parientes, si nos educan, quienes nos educan, o cómo lo hacen. Tampoco tenemos opción en referencia a las comodidades o posibilidades de nuestros hogares cuando infantes. Me parece ineludible admitir que todos estos factores constituyen en forma clave quienes somos a la larga; es casi inevitable depender intelectual y moralmente de la educación que se nos da, así como físicamente de los cuidados obtenidos, del mismo modo que nuestros hábitos tendrán cierta relación con los de aquellos que nos rodearon y rodean (y al fin y al cabo, quienes nos rodean hoy dependerán en parte de todo lo anterior), entre infinidad de otras cosas.

¿Angyouma se volvió determinista? No verdaderamente.No soy un convencido del libre albedrío ni mucho menos, pero no coincido completamente con los fragmentos citados de arriba: a pesar de no ser nada fácil, está en las manos de cada uno cambiarse a si mismo del mismo modo que podemos influenciar con nuestro accionar lo que tenemos cerca, y eso empieza por la voluntad de cambiarlo*. De hecho empiezo a creer que lo único sobre lo que no podemos tener injerencia alguna es en torno al paso del tiempo, lo que no es trivial teniendo en cuenta que cada segundo que se va no vuelve, y que tarde o temprano se traga todo.

Entonces, ¿esas “situaciones” marcan a las personas?. Como muy pocas cosas. ¿Se puede hacer algo más allá de lo que las “situaciones” lo “llevan” a uno?. Me parece que esa respuesta no hace falta leerla en este blog, basta con, como con tantas otras cosas, levantar la cabeza y abrir los ojos.

Hay gente que se sobrepone -al menos en parte- a los “patrones”; a lo largo y a lo ancho del mundo; ahora, ayer, y seguramente mañana también. Personas que levantaron la cabeza, abrieron sus ojos para ver que podían llegar a tener una ínfima influencia en torno a alguna situación. Suficiente. La diferencia está en la decisión que se debe tener para llevar algo a cabo, y el primer cambio está en aquel que pretende tomar las riendas de algo. “Todos piensan cambiar el mundo pero ninguno piensa en cambiarse a si mismo” (Alexei Tolstoi).

Resulta perfectamente común encontrar gente cuestionando absolutamente todo; todo excepto a sí mismo; no alcanzan a ver que ellos son parte de lo que causa sus quejas, y un eslabón fallando en la solución (acá estoy hablando ampliamente, desde un partido de futbol hasta aquellos que protestan por el orden social).

¿Por qué digo que la primer cuestión está adentro de las personas? Me refiero a que a menudo daría la sensación de que gran parte de las personas que vemos día a día pareciera estar en un estado de pasividad en respecto a todo lo que los rodea. Símil ovejas, siguen a la manada de la que forman parte con una sumisión casi total y sin preguntas. No se salen de la fila, sólo siguen y toman los caminos más cortos. Siguen hasta que se acaba el pasto. A lo que apunto es que si la gente busca eludir los "patrones" debe despertar de esta siesta sonámbula en la que no hace nada excepto repetir lo que otras ovejas balan.

¿Ejemplos de personas que salen de la pasividad generalizada? Desde William Kamkwamba** hasta Mandela y Luther King pasando por todas las personas que quedan en el anonimato, desde lo más simple a lo más espectacular, algunos con más éxito que otros, pero todos decididos, ese es el punto. No es imposible alterar el marco, no con la voluntad de hacerlo [está más que claro que hay patrones que no pueden ser cambiados por una persona sola].

En la vereda de enfrente, escucho continuamente mencionar que “todo (en diversos órdenes) es un desastre, pero uno no puede hacer nada”. No vi jamás a alguien que dijera eso hacer algo.

Podrán decirme que el texto empezó a chorrear ingenuidad; no lo descarto, pero definitivamente sin poder cambiar uno es improbable que sea capaz de poder cambiar algo más, y sin la voluntad firme de modificar algo, difícilmente lo vaya a modificar, y, más allá de ir a extremos, este es el mensaje último de este post.






*Quizás alguno recuerde la 'célebre' “Revolución Ontológica”:

[http://sites.google.com/site/revolucionontologica/]


**Para intereseados:

[http://en.wikipedia.org/wiki/William_Kamkwamba]

[http://www.ted.com/talks/william_kamkwamba_on_building_a_windmill.html]

martes, 22 de febrero de 2011

Apariencias



Well, you went uptown ridin' in your limousine
With your fine Park Avenue clothes
You had the Dom Perignon in your hand
And the spoon up your nose

Big Shot”-Billy Joel

You can pay Uncle Sam with the overtime
Is that all you get for your money?

And if that's what you have in mind
yeah if that's what you're all about
Good luck movin' up 'cause I'm movin' out
.

Moving Out”-Billy Joel



Caminaba por Recoleta, en torno a plaza Francia y al cementerio bien conocido cuando repentinamente tuve un Dejà Vu que me shockeó; el área en cuestión está repleta por carteles (bah, en honor a la verdad eran carteles-persona) publicitando distintas marcas. Adidas, Nike, GAP, Samsung, LG, Audi son sólo algunos de los que inundan esas exclusivas calles porteñas.


Por supuesto que, a menos que uno mire de reojo a estas corporaciones, no se debería poder encontrar nada negativo en esto (dejando al margen que, por ejemplo, importantes cantidades de los productos de Nike o Gap son producidos por mano de obra casi esclava en Asia, incluyendo en ocasiones trabajo infantil en la producción*); sin embargo, me atrevería a lanzarme a decir que no se trata de estar abrigado, ni de hablar por teléfono, ni de manejar un auto confortable; la forma en que se presenta todo esto hace pensar más en un culto a lo caro o a la intención de mostrar al mundo “qué es lo que puede mi billetera”, una suerte de “a ver quien la tiene más larga” económico, para comprar el nuevo Touchscreen de 749 funciones -de las que sólo se hablar y jugar a la viborita- o las zapatillas Nike de $500 (por no hacer una lista interminable)... “Dime cuánto tienes y te diré quién eres”

Lisa y llanamente me estoy refiriendo al consumismo vacío y berreta que tanto les conviene a los que nos venden y tan inútil le es al que se llena de boludeces.


Publicidades deshonestas se arrastran y desangran para hacernos creer que nuestra felicidad está en lo que podemos alcanzar con nuestra tarjeta de crédito. El contenido es siempre el mismo, la gente joven (“cancheeeeeeera”), felices, rodeados de minas y con cientos artículos que al fin y al cabo son sin sentidos, y lo sabemos, pero de todos modos queremos comprarlo, “el vecino se va a caer de culo cuando lo vea”.

El materialismo desemboca indefectiblemente en gente comprando para rellenar los distintos vacíos de sus vidas: ¿fracaso laboral? ¿académico? ¿desamor? ¿autoestima baja? No importa, ¡compre! Pero el vacío sigue, porque casi todo lo que la gente compra lo único que puede llenar es la baulera y el living, ¿entonces cómo se soluciona? ¡Comprando más cosas! Siempre hay un modelo nuevo harto superador que deja en ridículo al que tenemos en casa, de lo que sea, desde cepillos de dientes a celulares.

En cierta ocasión he tenido la oportunidad de conocer una compradora compulsiva -e incluso de visitar su hogar-. Es llamativo como las personas no alcanzan a ser no sólo personas-carteles, sino que, también, en numerosos casos evolucionan hasta oveja-cartel-persona (en ese orden).

¿El departamento en cuestión? Alcanza con decir que entre otras muchas cosas en posiciones extrañas pude divisar un televisor en la parte inferior de una de esas mesitas bajas -por si no se entiende, estaba desconectada y a la altura de la cabeza de un terrier, en el living-. También había diversos artículos arriba de los muebles que ni vienen al caso detallar, porque la obsesión de la mujer no estaba ahí: la obsesión era la ropa.

Literalmente, la mujer va de compra todos los santos días a buscar ofertas y a devolver los artículos que compró recientemente y que o le quedan chicos, grandes, no le gustan, tienen una falla, o no. No importa, lo importante es ir al shopping, ahí está su vida, y ahi quedan sus billetes. Quizás en toda su vida no tenga tiempo de vestir toda la ropa comprada, pero la tiene, “objetivo completado”.

Y si bien esta “Señora bien” (como gustan ser llamados) no pertenece a Recoleta, este era más o menos el paisaje de aquellos páramos, miles de personas en una competencia implícita de “quien tiene más”, paseando sus bienes de marca, gastando más de $20 en cafés, y en infinidad de otras cosas que sólo dios sabe cuando piensan utilizar. Todos ellos desesperados por sus apariencias, de última lo importante es el “parecer”, al diablo con quien uno verdaderamente sea (y pensar que el materialismo es sólo una de las caras de la superficialidad...).

En medio de este frenesí consumista, ya era de noche, y luego de pasar por el lugar donde solía estar el Village, apenas instantes antes de la puerta principal del cementerio me abordó el padre de una familia que vive ahí (justo antes de la puerta del cementerio) con el fin de pedirme dinero.

Indefectiblemente, el hamster en mi cabeza empezó a correr en la ruedita: ¿qué estamos comprando?


Se agradece a Mareanetoh por las imágenes





(*Para el interesado en la materia se puede hallar más información en los documentales "The Big One" de Michael Moore, y "The New Rulers of the world" de John Pilger)

"Moving Out"-Billy Joel

[http://www.youtube.com/watch?v=-UBpt1dya60]

viernes, 18 de febrero de 2011

"After Office"

Termina la semana de trabajo, el sueño de cada oficinista; es el momento acerca del cual se estuvo pensando los 5 días anteriores, es el instante en que se huye del lugar de trabajo a buscar la tan merecida -o no, pero no importa- relajación, cualquier error puede justificarse con el estrés que generó la semana, son los 5 minutos de gloria del que vive de trabajar papeles... pero no empiezan hasta que se llega al destino buscado.


Félix Barindo:Viernes 17:01, Florida 203 5to piso.

Jornada cumplida, adiós semana: chau oficina, chau papeles, chau jefe. ¡Chau!. “En horita y media empieza el Albo... sobra tiempo para ir al kiosco antes del subte. Ya fue, me voy de una escapada a comprar puchos”.

El empleado del kiosco lo recibe amablemente, a pesar de ser tratado como si fuera el empleado del pelado de ojos desorbitados y camisa a rayas por afuera del pantalón. “El luqui a siete mangos cincuenta, que robo, tené”. Lo que queda de su atención es captado por siete palabras: “El fumar es perjudicial para la salud”... y bueno, de algo hay que morirse, ¿no?. Le sonríe al pibe del kiosco que le cabecea un saludo.

Camina por la peatonal con el pecho hinchado de quien se ganó su libertad.


Alcanza Catedral de la D y se acomoda al lado de las vías del mundo subterráneo al tiempo que llega el tren amarillo. Su posición no es la mejor, pero todavía se puede conseguir un asiento (de última es él el que tiene que recorrer la ciudad entera por abajo, el resto se bajan todos acá nomás.)

El plan es claro, se viene una arremetida. Por un instante duda, pero no, va a arremeter, es al pedo esperar un subte más -no va a viajar hasta congreso parado...-, lo que le causa gracia, porque piensa en Leónidas en 300 (“¡¡Esto es la Deeeeeeeee!!”)

La operación es un éxito y salvo un “No empujen” nadie dice nada, por ahi lo miran, pero se hace el desentendido mirando al que venía atrás de él con cara de fastidio. “Salió redondo, salió. 40 minutitos y llego a casa”.

Pero el destino (o metrovias) es cruel, y el momento más ansiado por decenas de miles de personas nunca llega. En cambio se dilata la espera y se encoge la paciencia.

Primero el tren no arranca, no hasta que se llena completamente de pasajeros, y Félix nota como todos los que lo rodean deben ceder sus asientos. El peor temor se torna realidad, y en 9 de Julio un cuarentón le pregunta si puede cederle el asiento a una embarazada. “Y este la juega de defensor de pobres y ausentes”.

No hay escape, una estación y ya está parado, con maleta y saco colgando de la misma mano, mientras flexibiliza su otro brazo para viajar asido del caño vertical cercano a las puertas, al tiempo que siente en su espalda la humanidad de otro ser, pero prefiere no mirar; “ojos que no ven pasajero que sufre menos”. No hace falta mencionar que en verano los compañeros de viaje en hora pico tienden a ser más húmedos y consecuentemente el aroma general del subte es aún menos propicio que el que podría ser identificado en invierno.


Luego la señora de su izquierda, tampoco hayándose cómoda con la situación en el vagón, comienza a cuestionarle el por qué la está chocando con el hombro, provocándole un lapso de duda en el que se debate para sus adentros si “la vieja habla en serio o si es una joda de mal gusto”. No; evidentemente es más que serio el reclamo, por lo que le replica que “el subte está muy lleno y que están todos apretados”, con un tono que no oculta cierto fastidio pero que busca no ser hostil con una pregunta con tan poco sentido. Evidentemente, incómodo, asqueado, cansado, y apurado por ver al albo, fracasa. Inmediatamente la mujer abandona los signos de interrogación por un seco “Correte” mientras lo empuja, haciendo que algunos cercanos tornen sus cabezas, y llamando al “Greatest hit” de las horas pico: “Siempre lo mismo, viajamos como ganado”.

Para colmo de males “Metrovías informa que la línea D Catedral-Congreso de Tucumán se encuentra con demoras” (“No, ¿en serio?”) por lo que el vehículo realiza no sólo paradas más largas aumentando el número de gente, que seguramente ya roza con la capacidad máxima -no la estipulada por la empresa, sino la delimitada por el espacio físico- (a pesar de esto, la gente en las estaciones pareciera no notarlo, de modo que con el fin ulterior de sumarse a la gran familia que ahora significa el tren, empujan cual si estuvieran metiendo las valijas de las vacaciones en el auto), sino que también para entre estación y estación, asegurándose de que los pasajeros no olviden el momento.

Si faltaba algo a la ocasión, “algún pelotudo parece estar pasándola bien”, porque en cada parada las puertas se abren y cierran repetidas veces por el hecho de que alguien estorba la puerta con el pie, al punto que el chofér, esquivando cualquier tipo de vocabulario vulgar de forma tan marcada que deja los espacios para los mismos amenaza con llamar a la cana. (!) (“hay algún gracioso parando la puerta, pedimos que el [silencio] lo deje de hacer o vamos a tener que avisar a la policía”) .


El oxígeno se acaba rápido al estar en un tubo bajo tierra colmado de gente y a 30 y pico de grados, y los ventiladores no parecieran estar mejorando la situación notablemente, por lo que las bocanadas de aire se tornan más y más grandes, y muchos parecen tener problemas con ello.

Para completar el circo subterráneo, a un rubio se le traba la mano en la puerta del subte en Agüero. “Cartón lleno... ni queriendo metés la mano ahí” piensa Félix, desganado, mirando su reloj (“17:54. 17, la desgracia”) meneando la cabeza para ambos lados. Nadie le dice nada al rubio, pero la mirada del vagón completo es más que extremadamente suficiente para transmitir la idea.


De a muy poco, justamente en Agüero, empieza a decrecer el número de pasajeros, pero el subte sigue tardando en desplazarse; “lo peor del viaje pasó, pero y el albo?” recuerda con mal humor.

Al reloj, menos de veinte minutos, a sus ojos, una eternidad. Ya alcanza Congreso, ya son y cuarto casi, y sale a paso ligero del subte, atropellándose con si mismo y molesto con el mundo. La escalera no avanza, la gente no se mueve, la luz del semáforo no corta...once cuadras y media para recorrer.

El Albo no le alegró el viernes, el resto es anécdota, ni su trabajo, ni el que lo manguea en Florida, ni el subte, ni el tachero que le recuerda a su madre, ni la discusión con la esposa, ni el celular que perdió en el subte (y descubre la mañana siguiente) importan, nada; el Albo no ganó.

jueves, 17 de febrero de 2011

Terror

Fear is the path of the dark side; Fear leads to anger, anger leads to hate. Hate leads to Suffering.

Master Yoda

No hay nada peor en la vida que perderla por miedo a vivirla

Anónimo

Simple.

Basta con reflexionar un instante en torno a qué hace actuar a la gente de forma extraña, enajenados de sí mismos, para arribar indefectiblemente al miedo o Terror.

Esto se aplica rápidamente a casi cualquier ámbito; desde el amor a la guerra, pasando por la política, la religión y los deportes; animales y humanos: todos responden al miedo. Es cierto que no todos ellos lo hacen al mismo nivel ni de la misma forma, pero todos lo hacen de una manera u otra.

Al profundizar en el carácter dual del terror notamos que a unos tantos los paraliza, pero en la vereda de enfrente, a muchos otros los precipita a actuar, muy a menudo, a actuar en contra de los llamados de su razón: se desprende invariablemente de acá que somos manipulables a los ojos de aquel que pueda infligirnos terror.

Si amamos a otro ser podemos perderlo más velozmente teniendo aprehensión a perderlo: son incontables las maneras, quizas usted mismo haya caido en alguna. No pretendo extenderme mucho más aquí, me sobra con decir que se puede hablar o hacer de más con muchísima facilidad bajo los auspicios del terror. Asímismo, si amamos a un ser que no “tenemos”, el miedo al rechazo puede ser lo suficientemente fuerte como para no llegar nunca a lograr nuestro objetivo.

En el deporte, aquel que no pueda controlar sus sentimientos siendo protagonista de un momento decisivo puede echarlo todo por la borda. Alguien armado en un momento de espanto puede conducir a la muerte de si mismo... o de muchísimos otros.

¡El temor que algunos tenemos a causa de las personas armadas, a ciertas personas las lleva a armarse, el pánico al fracaso nos hace apartarnos de grandiosas empresas que alguna vez soñamos, el pavor a causa de la propia seguridad nos conduce a ceder libertades y derechos, nos rodeamos de rejas, muros, cámaras, alarmas por miedo al resto. Por horror a posiciones extremistas acabamos en posiciones más extremas aún!


Y todo esto no sólo ocurre a nivel personal... y cualquiera en un lugar aventajado puede sacar provecho de lo dicho, por medios indirectos presentes en todas partes, así también como métodos bien directos cuando los primeros fallan. ¿Cuántos sin miedo murieron por querer cambios? Es escalofriante.

El mundo está colmado de religiones que prometen sufrimiento por una “larga eternidad” a aquellos que no se aferren a ella; resulta difícil que más de una de estas sea la religión “verdadera”, si es que efectivamente existe una religión “verdadera”. ¿Cuántos se “sometieron a un dios” por miedo a morir en manos de quienes mataban en nombre de ese dios?

En el plano político no pasa nada muy distinto: incontables guerras detrás del estandarte del terror, ayudadas en parte por el constante miedo al distinto o a lo desconocido y la vanidad de la especie humana. Hemos oido hasta el hartazgo la palabra “terrorismo” en la última década, por todas partes la escuchamos y con esta se iniciaron las luchas que marcaron estos crudos años.

Sin ir más lejos, se define terrorismo como la “dominación por el terror” o “sucesión de actos de violencia para infundir terror”. Sin lugar a dudas hubo actos terroristas en la última década; dominación por el terror; actos de violencia para influir terror.

Pero, ¿y si con nuestros miedos que creemos bien fundados estamos alimentando el poder del que se beneficia con el actuar pasional de la mayoría?¿si se nos infunde pánico para saciar intereses? Verdaderamente me atormenta una mezcla de sobresalto y espanto.

Sean cuales fueran las respuestas a estas preguntas hay algo claro: el miedo es enemigo de la razón, nuestro pánico atenta contra nuestro autocontrol, y desde que no tenemos forma de controlar nuestros sentimientos, y mucho menos uno tan profundo, debemos “temer” al miedo. En conclusión, aún a riesgo de quedar en ridículo voy a citar a Yoda una vez más: “El miedo es el camino hacia el lado oscuro; el miedo conduce a la furia, la furia conduce al odio. El odio conlleva al sufrimiento”

domingo, 13 de febrero de 2011

Una Nueva Esperanza


La Ciudad bajo la Niebla

They turned our power down,

and drove us underground

but we went right on with the show

William Joel


La militarización de la ciudad había comenzado antes de lo previsto: súbitamente un impresionante despliegue de implacables soldados Imperiales se hizo cargo de la casa de gobierno (y tantas otras construcciones) dejando en claro en manos de quien se hallaba el poder.

Las primeras convulsiones sociales no se hicieron esperar, pero poco importaban, rápidamente serían aplacadas. Pronto se controlaría cada cuadra, cada vivienda, cada persona; quedaría claro que quería decir el famoso y repetido “Estabilidad y orden”

Y así era, a duras penas se podía respirar en una ciudad sumida bajo una densa y asfixiante niebla oscura. El tiempo parecía haberse congelado: no se escuchaba sino lo que se quería que se escuchase, no se veía lo que no se quería que se viese. Desde el imperio se mostraba siempre el mismo dibujo, pintado quizás con otra paleta aún más opaca, pero el fondo tenía un motivo invariable. Por poco no se pensaba lo que no se quería que fuera pensado...

Pero ni la propaganda ni la persecución fueron suficientes para evitar todos los intentos de ver la cálida luz del sol. Pocos, sí, pero convencidos de la desfachatez de un régimen absurdo y ultraconservador iniciaron acciones.

-Ingenuos esos mocosos utópicos, la maquinaria funciona incólumne, orquestrada por el Emperador y sus cercanos - pensaron los fanáticos del imperio - Todo esto fue previsto, más les valdría evitar riesgos.

Los sujetos “libres”, suponiendo algunos de los riesgos que corrían, comenzaron encendiendo una antorcha en otra oscura noche de Noviembre para consensuar a escondidas sobre los pasos a seguir: no podrían comenzar su tarea de forma muy ruidosa, puesto que el imperio no dormía, y al no ser numerosos sería simple llevar acciones contra traidores al régimen; para diseminar la palabra convencerían a los suyos de la necesidad de ver con sus propios ojos.

Por esos días una leve brisa comenzó a sentirse en la ciudad desplazando lentamente la densa niebla, dejando más visibles a las pocas pero crecientes luces que comenzaron a encenderse por las noches... algunas de las cuales no podrían luego volver a hacerlo.

A muchos esto les hizo comprender entonces, presas de un terror escalofriante, el precio de la libertad, intentando inútilmente escapar, o incluso preferir morir cómodamente-incluso en sus propias manos- a pagarlo ; a tantos otros les hizo empezar a ver, y ésta voluntad de ver los llevó a encender más antorchas por las ventosas noches.

Pronto, cual un incendio, un fuego provocó el siguiente, y en ciudades cercanas comenzaron a sentirse fulgores similares.

De no haber sido por la fuerza con la que los fuertísimos vientos se abrieron paso firmemente entre la niebla, aquellas noches hubieran sido más esplendorosa que los mismísimos días, a pesar de la sanguinaria, crudelísima resistencia del régimen.

Pero esto ya poco importaba, ni imperiales ni “utópicos” ignoraban que los ciudadanos habían despertado de su pasividad; ahora sabían, a pesar de todas las mentiras, todas las ilusiones, toda la violencia, ahora sabían donde siempre había estado el poder, y era algo demasiado precioso como para volver a dejarlo a los intolerantes. Por el día, sobre la ciudad brillaba un sol cálido, enorme, radiante, y la noche, esas heroicas noches estaban iluminadas como si la ciudad fuera una enorme bola de fuego. Hay quienes dicen que lo que ardía era el imperio.

Todas las imágenes pertenecen a las manifestaciones de Egipto contra el régimen opresor de 30 años de Mubarak, quien se vio obligado a dejar el cargo que había ocupado luego de 18 días de protestas.