jueves, 28 de julio de 2011

Picado

Hey you, don't tell me there's no hope at all
Together we stand, divided we fall

Hey You-Pink Floyd


El fútbol es pasión, incluso (quizás "especialmente" sería mejor palabra) en partidos entre amigos, cuando no se juega por nada tangible. ¿Qué es lo que motiva a dejar todo en el cuadrilátero por un partido entre troncos en el que ni se juega por la coca? Algunos dicen que se trata de una cuestión de honor, ser superior al adversario partiendo desde una paridad en las condiciones del partido. Irse de la cancha sin ningún reproche para hacerse, habiendo dado lo mejor de uno. Otros señalan que se trata de una cuestión de orgullo; se quiere ganar para no perder, básicamente, para golpearse el pecho indicando quien es el que ganó. Otro menos individualista dirá que se juega por el equipo.

Sin duda estos factores influyen y son la base de la competencia deportiva. Es la pasión por el fútbol mismo el motivo por el que se hace el esfuerzo, uno de los motores de esas motivaciones; a nadie que le guste el fútbol puede ser totalmente indiferente a ganar o perder un partido. Se tiene que conseguir un resultado positivo porque esa es la esencia del juego, sin eso no hay fútbol; no hay deporte. Cuando termine el partido todos pueden ir a comer un asado y mirarse a los ojos sin rencores, pero en la cancha el objetivo es claro, y todos deben empujar para alcanzarlo, motivaciones no les deberían faltar. También parte de la diversión del juego reside en que el partido sea atractivo, bien jugado.

Si alguien decide iniciar Taekwondo y se deja pegar, o pretende correr una carrera y le es indiferente la posición en la que se ubica al finalizar, evidentemente no hay pelea o carrera, si no se da lo mejor de cada uno difícilmente pueda tener sentido empezar ese partido o esa carrera... se puede jugar a boludear, ¿Por qué no?, pero al que le guste el deporte con la competencia que este conlleva considerará -yo creo que con justicia- “obsceno” que a eso se lo llame fútbol; puede tener reglas similares, pero no lo es en tanto no se juegue con amor al juego, ahí nace el sentido de esos picados, jugados con total lealtad al juego y al adversario, pero en forma encarnizada; sin violencia, pero con total vehemencia (lo que no excluye que se tiren ciertos lujos, que también hacen no sólo a la estética, sino a los recursos del deporte en sí).

Ahora; cualquiera que viva la actividad deportiva como describí arriba podrá entender lo que refiero, y deberá saber que hay personas que no comparten esa visión. Más de una vez escuchó frases como “No es la final del mundo”, “Es sólo un partido”. De eso se trata, es un partido, y la gracia del mismo reside en que el equipo logre cierto funcionamiento y que pueda superar la adversidad, si no se puede llegar a un acuerdo en este punto el trabajo en equipo habrá fracasado de antemano. No se necesitan muchos de estos “antideporte” para que el partido se hunda en lo más profundo del océano de la mediocridad, con marcas ligeras y avances puramente individuales.


Ese es el problema: con el “boicot” de pocos. el empuje del resto y su voluntad de trabajo en equipo se diluyen con facilidad; se rompe la cadena de engranajes y se empieza a hacer agua. La indiferencia de algunos acaba por diezmar el trabajo de muchos, algo que no se debe permitir. Cuando existe un equipo ningún eslabón de la cadena es prescindible, por eso -victoria o derrota- el resultado es del equipo. El esfuerzo en conjunto por una causa, para el que lo sabe apreciar, es algo sencillamente mágico, aún más cuando este da frutos; tiene que estimularse, no al revés. Cuando uno sólo hace el trabajo de varios, hablar de equipo es hipocresía.

No es que aquella mentalidad cómoda y cansina esté “mal” en sí (no debería poder decirlo basándome en pareceres); está mal en contexto, es egoista para con los que dependen de ella y están moviendo cada célula de su cuerpo por la victoria, más allá del lugar en el que les toque apoyar, por eso no se puede aceptar que el movimiento de todos sea carneado por unos pocos.

Entonces, cuando estés jugando un picado y uno empiece a ir para atrás (si es malo no tiene la culpa, si no entiende el concepto de grupo sí) dedicale un grito o dos, no importa mucho lo que te conteste; muchos disfrutarían poder aprovechar su lugar y poner su hombro para que las cosas salgan mejor; es obligación del que está adentro jugar por el trabajo de los que están adentro, el deseo de los que quedan afuera y, obviamente, por el partido, que es a fin de cuentas el objetivo de todos.



La imagen fue tomada del blog http://www.dosisdiarias.com/ de Alberto Montt

No hay comentarios:

Publicar un comentario