Antoine de Saint-Exupéry
Al margen de nuestro peso, llevamos en la espalda una mochila mucho más pesada, tan pesada que ni se puede medir en kilos. Es la mochila de lo que somos, fuimos y quisimos ser. Nuestros sueños, frustraciones, pasado, experiencias, lo que otros quisieron que fuéramos y también nuestras victorias, esperanzas; todo está ahí, sobre la espalda. Todos tienen una historia que contar; no tiene que extrañar entonces que algunos la lleven trotando y otros la arrastren (o mejor dicho, se arrastren con la carga encima).

Y ahí, aunque a veces se nos olvide un poco de lo que tenemos en el bolso de viaje, todo está acechando, listo para saltar en cualquier momento y venir a la memoria, listo para aplastarnos y sepultarnos en la voracidad del movimiento (o quizás para empujarnos fuera de tiempos obscuros y sacarnos del pozo, por qué no, todo está en la mochila). Sueños que no llegaron a puerto luego de mucho remar o simplemente malos recuerdos son suficientes para hacer que alguien se esconda entre botellas y blues por tiempo indeterminado. Lo curioso es que, si uno lo piensa, a menudo parece carecer de sentido estar abajo por cuestiones viejas, pero lo que está punzando -tanto o más- que esas memorias es la duda... la filosa duda de si todo estaría en un lugar mejor de haber resultado las cosas de otra manera, si un simple error casual hubiera sido omitido de la secuencia, ¿Sería todo igual? ¿Me hubiera ahorrado tantos pesares, dolería esto todavía? Pero es la puta duda de que el circuito nunca se cerró como estaba planeado fríamente, ¿hubiera resultado? Igualmente insoportable es cuando lo que no se sabe es qué ocurrió verdaderamene, dónde estuvo el desliz. Se pueden pasar años discutiéndolo con almohadas y pianos, son sólo conjeturas, no va a mejorar.
Y ahí está el equipaje, más fiel que la sombra, noche y día encima nuestro. Si se ha de aceptar a alguien es obligación agarrarle las maletas para hacerlo pasar, sino no ha de durar mucho tiempo más allá de nuestro pesar...
Más de una vez dan ganas de irse a cualquier lado y dejar todo ese peso muerto en cualquier esquina, pero no hay vuelta que darle, las valijas están siempre hechas viajando con uno. Por ahí sirven para parárseles encima y llegar más alto, quien te dice.