“Big Shot”-Billy Joel
You can pay Uncle Sam with the overtime
Is that all you get for your money?
And if that's what you have in mind
yeah if that's what you're all about
Good luck movin' up 'cause I'm movin' out.
“Moving Out”-Billy Joel
Caminaba por Recoleta, en torno a plaza Francia y al cementerio bien conocido cuando repentinamente tuve un Dejà Vu que me shockeó; el área en cuestión está repleta por carteles (bah, en honor a la verdad eran carteles-persona) publicitando distintas marcas. Adidas, Nike, GAP, Samsung, LG, Audi son sólo algunos de los que inundan esas exclusivas calles porteñas.

Por supuesto que, a menos que uno mire de reojo a estas corporaciones, no se debería poder encontrar nada negativo en esto (dejando al margen que, por ejemplo, importantes cantidades de los productos de Nike o Gap son producidos por mano de obra casi esclava en Asia, incluyendo en ocasiones trabajo infantil en la producción*); sin embargo, me atrevería a lanzarme a decir que no se trata de estar abrigado, ni de hablar por teléfono, ni de manejar un auto confortable; la forma en que se presenta todo esto hace pensar más en un culto a lo caro o a la intención de mostrar al mundo “qué es lo que puede mi billetera”, una suerte de “a ver quien la tiene más larga” económico, para comprar el nuevo Touchscreen de 749 funciones -de las que sólo se hablar y jugar a la viborita- o las zapatillas Nike de $500 (por no hacer una lista interminable)... “Dime cuánto tienes y te diré quién eres”
Lisa y llanamente me estoy refiriendo al consumismo vacío y berreta que tanto les conviene a los que nos venden y tan inútil le es al que se llena de boludeces.

Publicidades deshonestas se arrastran y desangran para hacernos creer que nuestra felicidad está en lo que podemos alcanzar con nuestra tarjeta de crédito. El contenido es siempre el mismo, la gente joven (“cancheeeeeeera”), felices, rodeados de minas y con cientos artículos que al fin y al cabo son sin sentidos, y lo sabemos, pero de todos modos queremos comprarlo, “el vecino se va a caer de culo cuando lo vea”.
El materialismo desemboca indefectiblemente en gente comprando para rellenar los distintos vacíos de sus vidas: ¿fracaso laboral? ¿académico? ¿desamor? ¿autoestima baja? No importa, ¡compre! Pero el vacío sigue, porque casi todo lo que la gente compra lo único que puede llenar es la baulera y el living, ¿entonces cómo se soluciona? ¡Comprando más cosas! Siempre hay un modelo nuevo harto superador que deja en ridículo al que tenemos en casa, de lo que sea, desde cepillos de dientes a celulares.
En cierta ocasión he tenido la oportunidad de conocer una compradora compulsiva -e incluso de visitar su hogar-. Es llamativo como las personas no alcanzan a ser no sólo personas-carteles, sino que, también, en numerosos casos evolucionan hasta oveja-cartel-persona (en ese orden).

¿El departamento en cuestión? Alcanza con decir que entre otras muchas cosas en posiciones extrañas pude divisar un televisor en la parte inferior de una de esas mesitas bajas -por si no se entiende, estaba desconectada y a la altura de la cabeza de un terrier, en el living-. También había diversos artículos arriba de los muebles que ni vienen al caso detallar, porque la obsesión de la mujer no estaba ahí: la obsesión era la ropa.
Literalmente, la mujer va de compra todos los santos días a buscar ofertas y a devolver los artículos que compró recientemente y que o le quedan chicos, grandes, no le gustan, tienen una falla, o no. No importa, lo importante es ir al shopping, ahí está su vida, y ahi quedan sus billetes. Quizás en toda su vida no tenga tiempo de vestir toda la ropa comprada, pero la tiene, “objetivo completado”.
Y si bien esta “Señora bien” (como gustan ser llamados) no pertenece a Recoleta, este era más o menos el paisaje de aquellos páramos, miles de personas en una competencia implícita de “quien tiene más”, paseando sus bienes de marca, gastando más de $20 en cafés, y en infinidad de otras cosas que sólo dios sabe cuando piensan utilizar. Todos ellos desesperados por sus apariencias, de última lo importante es el “parecer”, al diablo con quien uno verdaderamente sea (y pensar que el materialismo es sólo una de las caras de la superficialidad...).
En medio de este frenesí consumista, ya era de noche, y luego de pasar por el lugar donde solía estar el Village, apenas instantes antes de la puerta principal del cementerio me abordó el padre de una familia que vive ahí (justo antes de la puerta del cementerio) con el fin de pedirme dinero.
Indefectiblemente, el hamster en mi cabeza empezó a correr en la ruedita: ¿qué estamos comprando?
Se agradece a Mareanetoh por las imágenes
(*Para el interesado en la materia se puede hallar más información en los documentales "The Big One" de Michael Moore, y "The New Rulers of the world" de John Pilger)
"Moving Out"-Billy Joel





