martes, 22 de febrero de 2011

Apariencias



Well, you went uptown ridin' in your limousine
With your fine Park Avenue clothes
You had the Dom Perignon in your hand
And the spoon up your nose

Big Shot”-Billy Joel

You can pay Uncle Sam with the overtime
Is that all you get for your money?

And if that's what you have in mind
yeah if that's what you're all about
Good luck movin' up 'cause I'm movin' out
.

Moving Out”-Billy Joel



Caminaba por Recoleta, en torno a plaza Francia y al cementerio bien conocido cuando repentinamente tuve un Dejà Vu que me shockeó; el área en cuestión está repleta por carteles (bah, en honor a la verdad eran carteles-persona) publicitando distintas marcas. Adidas, Nike, GAP, Samsung, LG, Audi son sólo algunos de los que inundan esas exclusivas calles porteñas.


Por supuesto que, a menos que uno mire de reojo a estas corporaciones, no se debería poder encontrar nada negativo en esto (dejando al margen que, por ejemplo, importantes cantidades de los productos de Nike o Gap son producidos por mano de obra casi esclava en Asia, incluyendo en ocasiones trabajo infantil en la producción*); sin embargo, me atrevería a lanzarme a decir que no se trata de estar abrigado, ni de hablar por teléfono, ni de manejar un auto confortable; la forma en que se presenta todo esto hace pensar más en un culto a lo caro o a la intención de mostrar al mundo “qué es lo que puede mi billetera”, una suerte de “a ver quien la tiene más larga” económico, para comprar el nuevo Touchscreen de 749 funciones -de las que sólo se hablar y jugar a la viborita- o las zapatillas Nike de $500 (por no hacer una lista interminable)... “Dime cuánto tienes y te diré quién eres”

Lisa y llanamente me estoy refiriendo al consumismo vacío y berreta que tanto les conviene a los que nos venden y tan inútil le es al que se llena de boludeces.


Publicidades deshonestas se arrastran y desangran para hacernos creer que nuestra felicidad está en lo que podemos alcanzar con nuestra tarjeta de crédito. El contenido es siempre el mismo, la gente joven (“cancheeeeeeera”), felices, rodeados de minas y con cientos artículos que al fin y al cabo son sin sentidos, y lo sabemos, pero de todos modos queremos comprarlo, “el vecino se va a caer de culo cuando lo vea”.

El materialismo desemboca indefectiblemente en gente comprando para rellenar los distintos vacíos de sus vidas: ¿fracaso laboral? ¿académico? ¿desamor? ¿autoestima baja? No importa, ¡compre! Pero el vacío sigue, porque casi todo lo que la gente compra lo único que puede llenar es la baulera y el living, ¿entonces cómo se soluciona? ¡Comprando más cosas! Siempre hay un modelo nuevo harto superador que deja en ridículo al que tenemos en casa, de lo que sea, desde cepillos de dientes a celulares.

En cierta ocasión he tenido la oportunidad de conocer una compradora compulsiva -e incluso de visitar su hogar-. Es llamativo como las personas no alcanzan a ser no sólo personas-carteles, sino que, también, en numerosos casos evolucionan hasta oveja-cartel-persona (en ese orden).

¿El departamento en cuestión? Alcanza con decir que entre otras muchas cosas en posiciones extrañas pude divisar un televisor en la parte inferior de una de esas mesitas bajas -por si no se entiende, estaba desconectada y a la altura de la cabeza de un terrier, en el living-. También había diversos artículos arriba de los muebles que ni vienen al caso detallar, porque la obsesión de la mujer no estaba ahí: la obsesión era la ropa.

Literalmente, la mujer va de compra todos los santos días a buscar ofertas y a devolver los artículos que compró recientemente y que o le quedan chicos, grandes, no le gustan, tienen una falla, o no. No importa, lo importante es ir al shopping, ahí está su vida, y ahi quedan sus billetes. Quizás en toda su vida no tenga tiempo de vestir toda la ropa comprada, pero la tiene, “objetivo completado”.

Y si bien esta “Señora bien” (como gustan ser llamados) no pertenece a Recoleta, este era más o menos el paisaje de aquellos páramos, miles de personas en una competencia implícita de “quien tiene más”, paseando sus bienes de marca, gastando más de $20 en cafés, y en infinidad de otras cosas que sólo dios sabe cuando piensan utilizar. Todos ellos desesperados por sus apariencias, de última lo importante es el “parecer”, al diablo con quien uno verdaderamente sea (y pensar que el materialismo es sólo una de las caras de la superficialidad...).

En medio de este frenesí consumista, ya era de noche, y luego de pasar por el lugar donde solía estar el Village, apenas instantes antes de la puerta principal del cementerio me abordó el padre de una familia que vive ahí (justo antes de la puerta del cementerio) con el fin de pedirme dinero.

Indefectiblemente, el hamster en mi cabeza empezó a correr en la ruedita: ¿qué estamos comprando?


Se agradece a Mareanetoh por las imágenes





(*Para el interesado en la materia se puede hallar más información en los documentales "The Big One" de Michael Moore, y "The New Rulers of the world" de John Pilger)

"Moving Out"-Billy Joel

[http://www.youtube.com/watch?v=-UBpt1dya60]

viernes, 18 de febrero de 2011

"After Office"

Termina la semana de trabajo, el sueño de cada oficinista; es el momento acerca del cual se estuvo pensando los 5 días anteriores, es el instante en que se huye del lugar de trabajo a buscar la tan merecida -o no, pero no importa- relajación, cualquier error puede justificarse con el estrés que generó la semana, son los 5 minutos de gloria del que vive de trabajar papeles... pero no empiezan hasta que se llega al destino buscado.


Félix Barindo:Viernes 17:01, Florida 203 5to piso.

Jornada cumplida, adiós semana: chau oficina, chau papeles, chau jefe. ¡Chau!. “En horita y media empieza el Albo... sobra tiempo para ir al kiosco antes del subte. Ya fue, me voy de una escapada a comprar puchos”.

El empleado del kiosco lo recibe amablemente, a pesar de ser tratado como si fuera el empleado del pelado de ojos desorbitados y camisa a rayas por afuera del pantalón. “El luqui a siete mangos cincuenta, que robo, tené”. Lo que queda de su atención es captado por siete palabras: “El fumar es perjudicial para la salud”... y bueno, de algo hay que morirse, ¿no?. Le sonríe al pibe del kiosco que le cabecea un saludo.

Camina por la peatonal con el pecho hinchado de quien se ganó su libertad.


Alcanza Catedral de la D y se acomoda al lado de las vías del mundo subterráneo al tiempo que llega el tren amarillo. Su posición no es la mejor, pero todavía se puede conseguir un asiento (de última es él el que tiene que recorrer la ciudad entera por abajo, el resto se bajan todos acá nomás.)

El plan es claro, se viene una arremetida. Por un instante duda, pero no, va a arremeter, es al pedo esperar un subte más -no va a viajar hasta congreso parado...-, lo que le causa gracia, porque piensa en Leónidas en 300 (“¡¡Esto es la Deeeeeeeee!!”)

La operación es un éxito y salvo un “No empujen” nadie dice nada, por ahi lo miran, pero se hace el desentendido mirando al que venía atrás de él con cara de fastidio. “Salió redondo, salió. 40 minutitos y llego a casa”.

Pero el destino (o metrovias) es cruel, y el momento más ansiado por decenas de miles de personas nunca llega. En cambio se dilata la espera y se encoge la paciencia.

Primero el tren no arranca, no hasta que se llena completamente de pasajeros, y Félix nota como todos los que lo rodean deben ceder sus asientos. El peor temor se torna realidad, y en 9 de Julio un cuarentón le pregunta si puede cederle el asiento a una embarazada. “Y este la juega de defensor de pobres y ausentes”.

No hay escape, una estación y ya está parado, con maleta y saco colgando de la misma mano, mientras flexibiliza su otro brazo para viajar asido del caño vertical cercano a las puertas, al tiempo que siente en su espalda la humanidad de otro ser, pero prefiere no mirar; “ojos que no ven pasajero que sufre menos”. No hace falta mencionar que en verano los compañeros de viaje en hora pico tienden a ser más húmedos y consecuentemente el aroma general del subte es aún menos propicio que el que podría ser identificado en invierno.


Luego la señora de su izquierda, tampoco hayándose cómoda con la situación en el vagón, comienza a cuestionarle el por qué la está chocando con el hombro, provocándole un lapso de duda en el que se debate para sus adentros si “la vieja habla en serio o si es una joda de mal gusto”. No; evidentemente es más que serio el reclamo, por lo que le replica que “el subte está muy lleno y que están todos apretados”, con un tono que no oculta cierto fastidio pero que busca no ser hostil con una pregunta con tan poco sentido. Evidentemente, incómodo, asqueado, cansado, y apurado por ver al albo, fracasa. Inmediatamente la mujer abandona los signos de interrogación por un seco “Correte” mientras lo empuja, haciendo que algunos cercanos tornen sus cabezas, y llamando al “Greatest hit” de las horas pico: “Siempre lo mismo, viajamos como ganado”.

Para colmo de males “Metrovías informa que la línea D Catedral-Congreso de Tucumán se encuentra con demoras” (“No, ¿en serio?”) por lo que el vehículo realiza no sólo paradas más largas aumentando el número de gente, que seguramente ya roza con la capacidad máxima -no la estipulada por la empresa, sino la delimitada por el espacio físico- (a pesar de esto, la gente en las estaciones pareciera no notarlo, de modo que con el fin ulterior de sumarse a la gran familia que ahora significa el tren, empujan cual si estuvieran metiendo las valijas de las vacaciones en el auto), sino que también para entre estación y estación, asegurándose de que los pasajeros no olviden el momento.

Si faltaba algo a la ocasión, “algún pelotudo parece estar pasándola bien”, porque en cada parada las puertas se abren y cierran repetidas veces por el hecho de que alguien estorba la puerta con el pie, al punto que el chofér, esquivando cualquier tipo de vocabulario vulgar de forma tan marcada que deja los espacios para los mismos amenaza con llamar a la cana. (!) (“hay algún gracioso parando la puerta, pedimos que el [silencio] lo deje de hacer o vamos a tener que avisar a la policía”) .


El oxígeno se acaba rápido al estar en un tubo bajo tierra colmado de gente y a 30 y pico de grados, y los ventiladores no parecieran estar mejorando la situación notablemente, por lo que las bocanadas de aire se tornan más y más grandes, y muchos parecen tener problemas con ello.

Para completar el circo subterráneo, a un rubio se le traba la mano en la puerta del subte en Agüero. “Cartón lleno... ni queriendo metés la mano ahí” piensa Félix, desganado, mirando su reloj (“17:54. 17, la desgracia”) meneando la cabeza para ambos lados. Nadie le dice nada al rubio, pero la mirada del vagón completo es más que extremadamente suficiente para transmitir la idea.


De a muy poco, justamente en Agüero, empieza a decrecer el número de pasajeros, pero el subte sigue tardando en desplazarse; “lo peor del viaje pasó, pero y el albo?” recuerda con mal humor.

Al reloj, menos de veinte minutos, a sus ojos, una eternidad. Ya alcanza Congreso, ya son y cuarto casi, y sale a paso ligero del subte, atropellándose con si mismo y molesto con el mundo. La escalera no avanza, la gente no se mueve, la luz del semáforo no corta...once cuadras y media para recorrer.

El Albo no le alegró el viernes, el resto es anécdota, ni su trabajo, ni el que lo manguea en Florida, ni el subte, ni el tachero que le recuerda a su madre, ni la discusión con la esposa, ni el celular que perdió en el subte (y descubre la mañana siguiente) importan, nada; el Albo no ganó.

jueves, 17 de febrero de 2011

Terror

Fear is the path of the dark side; Fear leads to anger, anger leads to hate. Hate leads to Suffering.

Master Yoda

No hay nada peor en la vida que perderla por miedo a vivirla

Anónimo

Simple.

Basta con reflexionar un instante en torno a qué hace actuar a la gente de forma extraña, enajenados de sí mismos, para arribar indefectiblemente al miedo o Terror.

Esto se aplica rápidamente a casi cualquier ámbito; desde el amor a la guerra, pasando por la política, la religión y los deportes; animales y humanos: todos responden al miedo. Es cierto que no todos ellos lo hacen al mismo nivel ni de la misma forma, pero todos lo hacen de una manera u otra.

Al profundizar en el carácter dual del terror notamos que a unos tantos los paraliza, pero en la vereda de enfrente, a muchos otros los precipita a actuar, muy a menudo, a actuar en contra de los llamados de su razón: se desprende invariablemente de acá que somos manipulables a los ojos de aquel que pueda infligirnos terror.

Si amamos a otro ser podemos perderlo más velozmente teniendo aprehensión a perderlo: son incontables las maneras, quizas usted mismo haya caido en alguna. No pretendo extenderme mucho más aquí, me sobra con decir que se puede hablar o hacer de más con muchísima facilidad bajo los auspicios del terror. Asímismo, si amamos a un ser que no “tenemos”, el miedo al rechazo puede ser lo suficientemente fuerte como para no llegar nunca a lograr nuestro objetivo.

En el deporte, aquel que no pueda controlar sus sentimientos siendo protagonista de un momento decisivo puede echarlo todo por la borda. Alguien armado en un momento de espanto puede conducir a la muerte de si mismo... o de muchísimos otros.

¡El temor que algunos tenemos a causa de las personas armadas, a ciertas personas las lleva a armarse, el pánico al fracaso nos hace apartarnos de grandiosas empresas que alguna vez soñamos, el pavor a causa de la propia seguridad nos conduce a ceder libertades y derechos, nos rodeamos de rejas, muros, cámaras, alarmas por miedo al resto. Por horror a posiciones extremistas acabamos en posiciones más extremas aún!


Y todo esto no sólo ocurre a nivel personal... y cualquiera en un lugar aventajado puede sacar provecho de lo dicho, por medios indirectos presentes en todas partes, así también como métodos bien directos cuando los primeros fallan. ¿Cuántos sin miedo murieron por querer cambios? Es escalofriante.

El mundo está colmado de religiones que prometen sufrimiento por una “larga eternidad” a aquellos que no se aferren a ella; resulta difícil que más de una de estas sea la religión “verdadera”, si es que efectivamente existe una religión “verdadera”. ¿Cuántos se “sometieron a un dios” por miedo a morir en manos de quienes mataban en nombre de ese dios?

En el plano político no pasa nada muy distinto: incontables guerras detrás del estandarte del terror, ayudadas en parte por el constante miedo al distinto o a lo desconocido y la vanidad de la especie humana. Hemos oido hasta el hartazgo la palabra “terrorismo” en la última década, por todas partes la escuchamos y con esta se iniciaron las luchas que marcaron estos crudos años.

Sin ir más lejos, se define terrorismo como la “dominación por el terror” o “sucesión de actos de violencia para infundir terror”. Sin lugar a dudas hubo actos terroristas en la última década; dominación por el terror; actos de violencia para influir terror.

Pero, ¿y si con nuestros miedos que creemos bien fundados estamos alimentando el poder del que se beneficia con el actuar pasional de la mayoría?¿si se nos infunde pánico para saciar intereses? Verdaderamente me atormenta una mezcla de sobresalto y espanto.

Sean cuales fueran las respuestas a estas preguntas hay algo claro: el miedo es enemigo de la razón, nuestro pánico atenta contra nuestro autocontrol, y desde que no tenemos forma de controlar nuestros sentimientos, y mucho menos uno tan profundo, debemos “temer” al miedo. En conclusión, aún a riesgo de quedar en ridículo voy a citar a Yoda una vez más: “El miedo es el camino hacia el lado oscuro; el miedo conduce a la furia, la furia conduce al odio. El odio conlleva al sufrimiento”

domingo, 13 de febrero de 2011

Una Nueva Esperanza


La Ciudad bajo la Niebla

They turned our power down,

and drove us underground

but we went right on with the show

William Joel


La militarización de la ciudad había comenzado antes de lo previsto: súbitamente un impresionante despliegue de implacables soldados Imperiales se hizo cargo de la casa de gobierno (y tantas otras construcciones) dejando en claro en manos de quien se hallaba el poder.

Las primeras convulsiones sociales no se hicieron esperar, pero poco importaban, rápidamente serían aplacadas. Pronto se controlaría cada cuadra, cada vivienda, cada persona; quedaría claro que quería decir el famoso y repetido “Estabilidad y orden”

Y así era, a duras penas se podía respirar en una ciudad sumida bajo una densa y asfixiante niebla oscura. El tiempo parecía haberse congelado: no se escuchaba sino lo que se quería que se escuchase, no se veía lo que no se quería que se viese. Desde el imperio se mostraba siempre el mismo dibujo, pintado quizás con otra paleta aún más opaca, pero el fondo tenía un motivo invariable. Por poco no se pensaba lo que no se quería que fuera pensado...

Pero ni la propaganda ni la persecución fueron suficientes para evitar todos los intentos de ver la cálida luz del sol. Pocos, sí, pero convencidos de la desfachatez de un régimen absurdo y ultraconservador iniciaron acciones.

-Ingenuos esos mocosos utópicos, la maquinaria funciona incólumne, orquestrada por el Emperador y sus cercanos - pensaron los fanáticos del imperio - Todo esto fue previsto, más les valdría evitar riesgos.

Los sujetos “libres”, suponiendo algunos de los riesgos que corrían, comenzaron encendiendo una antorcha en otra oscura noche de Noviembre para consensuar a escondidas sobre los pasos a seguir: no podrían comenzar su tarea de forma muy ruidosa, puesto que el imperio no dormía, y al no ser numerosos sería simple llevar acciones contra traidores al régimen; para diseminar la palabra convencerían a los suyos de la necesidad de ver con sus propios ojos.

Por esos días una leve brisa comenzó a sentirse en la ciudad desplazando lentamente la densa niebla, dejando más visibles a las pocas pero crecientes luces que comenzaron a encenderse por las noches... algunas de las cuales no podrían luego volver a hacerlo.

A muchos esto les hizo comprender entonces, presas de un terror escalofriante, el precio de la libertad, intentando inútilmente escapar, o incluso preferir morir cómodamente-incluso en sus propias manos- a pagarlo ; a tantos otros les hizo empezar a ver, y ésta voluntad de ver los llevó a encender más antorchas por las ventosas noches.

Pronto, cual un incendio, un fuego provocó el siguiente, y en ciudades cercanas comenzaron a sentirse fulgores similares.

De no haber sido por la fuerza con la que los fuertísimos vientos se abrieron paso firmemente entre la niebla, aquellas noches hubieran sido más esplendorosa que los mismísimos días, a pesar de la sanguinaria, crudelísima resistencia del régimen.

Pero esto ya poco importaba, ni imperiales ni “utópicos” ignoraban que los ciudadanos habían despertado de su pasividad; ahora sabían, a pesar de todas las mentiras, todas las ilusiones, toda la violencia, ahora sabían donde siempre había estado el poder, y era algo demasiado precioso como para volver a dejarlo a los intolerantes. Por el día, sobre la ciudad brillaba un sol cálido, enorme, radiante, y la noche, esas heroicas noches estaban iluminadas como si la ciudad fuera una enorme bola de fuego. Hay quienes dicen que lo que ardía era el imperio.

Todas las imágenes pertenecen a las manifestaciones de Egipto contra el régimen opresor de 30 años de Mubarak, quien se vio obligado a dejar el cargo que había ocupado luego de 18 días de protestas.