La Ciudad bajo la Niebla
They turned our power down,
and drove us underground
but we went right on with the show
William Joel
La militarización de la ciudad había comenzado antes de lo previsto: súbitamente un impresionante despliegue de implacables soldados Imperiales se hizo cargo de la casa de gobierno (y tantas otras construcciones) dejando en claro en manos de quien se hallaba el poder.
Las primeras convulsiones sociales no se hicieron esperar, pero poco importaban, rápidamente serían aplacadas. Pronto se controlaría cada cuadra, cada vivienda, cada persona; quedaría claro que quería decir el famoso y repetido “Estabilidad y orden”
Y así era, a duras penas se podía respirar en una ciudad sumida bajo una densa y asfixiante niebla oscura. El tiempo parecía haberse congelado: no se escuchaba sino lo que se quería que se escuchase, no se veía lo que no se quería que se viese. Desde el imperio se mostraba siempre el mismo dibujo, pintado quizás con otra paleta aún más opaca, pero el fondo tenía un motivo invariable. Por poco no se pensaba lo que no se quería que fuera pensado...
Pero ni la propaganda ni la persecución fueron suficientes para evitar todos los intentos de ver la cálida luz del sol. Pocos, sí, pero convencidos de la desfachatez de un régimen absurdo y ultraconservador iniciaron acciones.
-Ingenuos esos mocosos utópicos, la maquinaria funciona incólumne, orquestrada por el Emperador y sus cercanos - pensaron los fanáticos del imperio - Todo esto fue previsto, más les valdría evitar riesgos.
Los sujetos “libres”, suponiendo algunos de los riesgos que corrían, comenzaron encendiendo una antorcha en otra oscura noche de Noviembre para consensuar a escondidas sobre los pasos a seguir: no podrían comenzar su tarea de forma muy ruidosa, puesto que el imperio no dormía, y al no ser numerosos sería simple llevar acciones contra traidores al régimen; para diseminar la palabra convencerían a los suyos de la necesidad de ver con sus propios ojos.
Por esos días una leve brisa comenzó a sentirse en la ciudad desplazando lentamente la densa niebla, dejando más visibles a las pocas pero crecientes luces que comenzaron a encenderse por las noches... algunas de las cuales no podrían luego volver a hacerlo.
A muchos esto les hizo comprender entonces, presas de un terror escalofriante, el precio de la libertad, intentando inútilmente escapar, o incluso preferir morir cómodamente-incluso en sus propias manos- a pagarlo ; a tantos otros les hizo empezar a ver, y ésta voluntad de ver los llevó a encender más antorchas por las ventosas noches.
Pronto, cual un incendio, un fuego provocó el siguiente, y en ciudades cercanas comenzaron a sentirse fulgores similares.
De no haber sido por la fuerza con la que los fuertísimos vientos se abrieron paso firmemente entre la niebla, aquellas noches hubieran sido más esplendorosa que los mismísimos días, a pesar de la sanguinaria, crudelísima resistencia del régimen.
Pero esto ya poco importaba, ni imperiales ni “utópicos” ignoraban que los ciudadanos habían despertado de su pasividad; ahora sabían, a pesar de todas las mentiras, todas las ilusiones, toda la violencia, ahora sabían donde siempre había estado el poder, y era algo demasiado precioso como para volver a dejarlo a los intolerantes. Por el día, sobre la ciudad brillaba un sol cálido, enorme, radiante, y la noche, esas heroicas noches estaban iluminadas como si la ciudad fuera una enorme bola de fuego. Hay quienes dicen que lo que ardía era el imperio.
Todas las imágenes pertenecen a las manifestaciones de Egipto contra el régimen opresor de 30 años de Mubarak, quien se vio obligado a dejar el cargo que había ocupado luego de 18 días de protestas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario