miércoles, 4 de mayo de 2011

La Rueda de la Fortuna


De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.

De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa,
chupando un palo sentados
sobre una calabaza.

De vez en cuando la vida- Joan Manuel Serrat


Y la rueda de la fortuna salió para arriba: repentinamente todo resulta -sospechosamente- a favor; las relaciones son fructíferas, los deberes exitosos, todo es hermoso y la vida nos sonríe con aire de cómplice. Recordamos lo que es estar allí luego de un período -más extenso de lo que nos hubiera gustado- de vacas flaquitas (o como mucho tirando a medianas) y sentimos que las cosas nos están empezando a funcionar como deberían. A uno le sale todo, se siente en el cielo.

Pero la fortuna es inestable. A veces no dura mucho el tiempo en que la “ruleta” sale para arriba, y por eso hay que exprimirlo al máximo, aunque lo que se exprima nunca va a ser suficiente; porque de un momento a otro, sea por imprudencia o mala suerte (y siempre más allá de las intenciones) el mundo entero se da vuelta: la rueda sale para abajo y la vida empieza a reirse de nosotros; y, como es obvio, es fácil hacer que las cosas vayan para abajo, pero las subidas son siempre trabajosas y se acaba luchando contra la corriente.

Lo mismo que antes era causa de nuestro regocijo -incluso sin cambiar de estado- es lo que ahora nos pesa; lo que no importaba ahora parece terrible, y lo que antes estaba “bien” y ahora está “muy mal” nos empieza a matar, un verdadero infierno, no caben otras palabras. Peor aún cuando se duda si lo que hizo que girara la rueda fue la imprudencia o la mala suerte, porque en estos casos una parte de uno maldice incesantemente la falta de meditación que ahora lo tiene en medio de un calvario que podría haber evitado (o no provocado), y la otra parte que duda de si se trata de mala suerte lo atosiga punzantemente en torno a si las cosas efectivamente estaban “bien” o si no se trataba sólo de una mentira, un malentendido, una careta o un espejismo.

Peor aún al ver desmoronarse como si fuera una casa de cartas lo que creía haber construido. En los cinco minutos en que se acaba el sueño y vuelve la vigilia se tiende a apresurarse, muy a menudo empeorando todo y torturándose uno por dentro por ese accionar precoz, producto de un reflejo quizás, pero que poco importa de donde vino, lo que importa es que las piezas empezaron a caer donde se hacen sentir... y molestan.

Y entonces lo negativo empieza a saltar a la vista más que antes y uno se funde entre pena, frustación y bronca, con la sensación de que de golpe el universo le da la espalda, y los caminos que lo podrían sacar de esa situación empiezan a ponerse demasiado angostos. Todavía no llegó ni a los dos días de mala racha y ya está pidiendo la hora.

Sin embargo, a pesar de que el cambio en la fortuna ocurra realmente o no, el sufrimiento que pueda padecerse no depende más que de la forma en que se percibe este cambio, que puede venir acompañado con sorpresas desoladoras, pero que tarde o temprano, lo que no cura ni el tiempo ni la razón, acaba por ser una variación menor, gotas de lluvia sobre mojado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario